viernes, 4 de enero de 2019

77. Una visita inesperada

Tengo un sueño húmedo. Pero uno de los buenos, de los que parecen reales. Desde luego mucho más que la mitad de mis presuntos orgasmos. Sí, cada vez finjo peor y con evidente desgana. En cualquier caso, en mi fantasía estoy tan cachonda que, cuando despierto y descubro que estoy sola en mi cama, me deprimo. Opto por darme cariño a mí misma para aliviarme un poco.

Pero ni siquiera eso funciona, así que decido llamar a Nico para un polvo rápido. Y si no está disponible, lo intentaré con Paolo. Y si no, con el poli. Y si tampoco, terminaré desvirgando a “Shadow dancer”. Pero necesito una polla ya mismo. Vale, sé que no es mi frase más elegante, pero es que este calentón saca a la ninfómana barriobajera que vive en mi co... ahí.

Estoy marcando el número de teléfono cuando llaman a la puerta. ¿No sería una pasada que fuera Nico, que me ha leído la mente? Las ganas mías. Abro y me encuentro a mi jodido hermano.

- ¡Rod! ¿Qué coño haces tú aquí? ¿No deberías estar en Hong Kong?
- ¡Sorpresa, hermanita! He venido a ver qué tal estás
- Que te follen, tú estás aquí para controlarme
- Después de la que liaste con nuestra familia en Navidad, ¿te extraña?

Mi puto hermano mayor. El triunfador, el santurrón, el guay de la familia. Dios, cómo le odio. 

- Bueno, como ves no me he unido a ninguna secta, ni tengo un laboratorio de meta en el salón ni me he rapado al cero. Me he hecho un tatuaje, eso sí, pero dudo que quieras que te muestre dónde. Y ahora… ¿te quedas a comer o te largas ya?
- Me quedo a comer, a cenar, a desayunar… básicamente voy a quedarme aquí un par de semanas.

Sería una broma divertida si Rod tuviera sentido del humor. Mierda. Ahora sí que estoy jodida.




No hay comentarios:

Publicar un comentario