Mi primera sesión con Héctor no resulta nada alentadora.
- ¿Tienes 10 pavos? - me dice nada más verme entrar - Tengo una corazonada con el hipódromo online, pero lo que no tengo es dinero para poder seguirla
- ¿Estás pensando en apostar en una puta carrera de caballos en medio de mi sesión?
- Si tanto te molesta, déjame el dinero ahora y ya apostaré mientras escucho a mi próximo paciente
Frunzo el ceño, tratando de decidir si me intenta tomar el pelo o sólo es un puto gilipollas.
- Eres color negro - le suelto - Te piensas que molas mucho, que vales para todo y que la gente te adora. Pero a veces el negro sólo es un color plano y sobrevalorado
- Espera. ¿Acabas de otorgarme un color basado en una clasificación que te has inventado y que no tiene maldito sentido? Quizás sí que deba dejar el tema de las apuestas y dedicarme a escucharte, porque creo que tienes serios problemas
Estoy acostumbrada a ser la tía más borde de la habitación y no me gustan los aspirantes al trono. Así que le fulmino con la mirada, con auténticos deseos de aplastarle la cabeza.
- Escucha, payaso. Aún no es tarde para cambiar de terapeuta así que, por segundo día consecutivo, te pregunto: ¿por qué debería seguir contigo?
- Porque te subo la autoestima - me contesta - Porque me ves y piensas que si un gilipollas como yo tiene un título y encima consigue que la gente le pague por ayudarles, eso quiere decir que no estás tan jodida y que aún hay esperanzas para ti
Héctor es un soplapollas integral, eso está claro. Pero debo admitir que el muy de hijo de puta sabe cómo elaborar respuestas jodidamente buenas.
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