Me paso todo el día jodidamente nerviosa. Porque, piensen lo que piensen de mí, hasta ahora nunca he comerciado de ningún modo con mi cuerpo. Seré un poco zorrón y me encanta el sexo, jamás lo he negado, pero no me quito la ropa por dinero. Salvo cuando me ofrecen tres mil euros, al parecer. Puta codicia, fuiste más rápida que mis principios.
Nada más levantarme llamo a Héctor para decirle que he cambiado de idea, pero el cabrón no me coge el teléfono. Y sí, podría simplemente meterle la negra y no aparecer, pero cuando doy mi palabra me gusta cumplirla. Eso y el tema de la pasta que, seamos sinceros, sigue siendo tentador.
A media tarde decido tomarme una copa, a ver si así dejo de estar tan tensa. Con la primera no lo consigo pero hay que admitir que, cuando llevo como siete u ocho, la cosa ya no me parece tan grave. Es más, hasta empiezo a verle el lado divertido. Sí, el vodka hace milagros.
Estoy borracha, pero no soy gilipollas. Me compro una peluca rubia superhortera, me maquillo más que si estuviera en carnavales y me invento un nombre, Stacy. Tampoco es cuestión de que esta panda de salidos de la tercera edad pueda rastrearme en el futuro.
Admito que no soy capaz de recordar todos los detalles de los momentos previos al baile. Sé que llegué en taxi al lugar de la fiesta, que por algún motivo le di un beso en la calva al tipo que parecía estar al frente del todo y que pedí más alcohol. Más allá de eso, todo está borroso.
Esto me deja fatal, lo sé, pero para cuando llega la hora casi estoy deseando salir al escenario y darlo todo. Mi mayor preocupación ya no es que unos viejunos me vean las tetas, sino no desnucarme con la puta barra por culpa de todo el alcohol que llevo encima.
Esto me deja fatal, lo sé, pero para cuando llega la hora casi estoy deseando salir al escenario y darlo todo. Mi mayor preocupación ya no es que unos viejunos me vean las tetas, sino no desnucarme con la puta barra por culpa de todo el alcohol que llevo encima.
Un tipo coge el micrófono y me presenta. Cuando grita "¡Stacy!" al principio se me olvida que soy yo, pero escucho la música a todo volumen y entiendo que es mi pie de entrada, así que salgo al escenario, moviendo el culo con energía. Qué coño, vamos a darle a esos ancianos una alegría. Que se vayan a la tumba con un recuerdo imborrable...si el alzheimer no se los roba.
Estoy completamente on fire. Vale, sí, quizás me cuesta un poco mantener el equilibrio, pero a quién coño le importa. Estoy a punto de desabrocharme el sujetador cuando de repente, entre el público, alguien grita:
- ¿Tessa?
La voz me resulta de lo más familiar, pero entre los focos y el alcohol, me lleva unos segundos localizar a la persona que ha hablado. Cuando finalmente lo logro, la borrachera se me pasa de golpe. Sí, tenía razón con mi presentimiento.
- Hola, papá - saludo maldiciendo mi suerte.
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