Me gustan los martes. Es el día en el que voy a terapia para escuchar cómo mi psicólogo tiene una vida mucho más lamentable que la mía. Al principio me jodía un poco lo de no poder hablar de mis problemas, pero ya le he cogido el gustillo a eso de oír quejarse a Héctor.
- Los ucranianos se han enterado de donde vivo - dice, con semblante preocupado - Tenemos que solucionar el problema antes de que decidan meterme una cabeza de caballo en la cama
- A lo mejor podríamos darle a Bea como pago, para que la vendan como esclava sexual
Es, a todas luces, una broma. Pero me toca explicárselo cuando veo que se lo está pensando.
- Creo que es hora de pasar al plan b - comenta, apesadumbrado - Voy a devolverles la pasta
- ¿Qué? No me jodas que has montado todo este circo teniendo todo el dinero
- Yo no he dicho eso. Estoy arruinado, así que tendré que robárselo a los chinos
- Así que vas a usar el dinero de unos para engordar las arcas de los otros. Alucinante
- Sí, bueno...esto...a decir verdad es un poco diferente. Robo a las triadas, pago a los ucranianos y luego organizo un atraco, con la cara tapada, claro está, para llevarme de nuevo el botín
- Y entonces se lo devuelves a los chinos
- Yo tampoco he dicho eso
Ay, Héctor. Voy a echarte de menos cuando te corten en rodajas y te conviertan en comida para peces. Lo único que falta por saber es cuál de todas las facciones te pillará primero.
No puedo evitar reírme hasta que me indica que yo soy parte del plan. Que, en su destartalado cerebro, cuenta conmigo para que le ayude con el tema del robo. No me mola nada, soy alérgica a que me maten. Ahora sí que creo que deberíamos replantearnos lo de la trata de blancas.
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