Es sábado por la tarde y he decidido irme de tiendas para renovar mi vestuario. Estoy a punto de probarme un vestido largo de noche que me encanta cuando, al mirar hacia la calle, diviso a uno de mis amigos ucranianos en la acera. Resoplo. No, no estoy de humor para gilipolleces, así que frunzo el ceño y le hago gestos para que entre.
El tipo se sorprende de mi reacción, pero me hace caso. En cuanto lo tengo delante, le planto todas las bolsas que llevo encima, con la ropa que me he comprado.
- Toma - le digo - Si vas a seguirme todo el día, al menos haz algo útil y llévame las cosas
Esto no se lo esperaba, así que se queda bloqueado, sin saber cómo reaccionar. Chasqueo los dedos y le digo que no se duerma, que tenemos establecimientos que visitar. Lo digo con tanta convicción que al final me hace caso y se viene conmigo como un perrito faldero.
Lo tengo toda la puta tarde yendo de un sitio para otro. El tipo lo está flipando, pero no protesta. Ni siquiera abre la boca. Se porta tan bien que al final me compadezco y decido invitarle a una cerveza. Así es como me entero de que se llama Luca y que lleva un par de años en el país.
- Muy bien, Luca. Las cartas sobre la mesa. Es evidente que conozco a Héctor, pero no tengo nada que ver con sus líos. Así que te pido, por favor, que me dejéis fuera de vuestras movidas
- Me caes bien - responde el matón con una sonrisa que deja ver sus ennegrecidos dientes. Casi prefiero que siga serio - Te dejaremos en paz, tienes mi palabra
- Gracias. Y oye, sólo por curiosidad, ¿cuánto cobráis por partirle las piernas a un vecino molesto?
- ¡Tessa, eres la bomba!- se ríe Luca, como si acabara de contarle un chiste. Lo peor es que al final no me dice un precio. Y mira que me interesaba. En fin, ya se lo volveré a preguntar otro día...
El tipo se sorprende de mi reacción, pero me hace caso. En cuanto lo tengo delante, le planto todas las bolsas que llevo encima, con la ropa que me he comprado.
- Toma - le digo - Si vas a seguirme todo el día, al menos haz algo útil y llévame las cosas
Esto no se lo esperaba, así que se queda bloqueado, sin saber cómo reaccionar. Chasqueo los dedos y le digo que no se duerma, que tenemos establecimientos que visitar. Lo digo con tanta convicción que al final me hace caso y se viene conmigo como un perrito faldero.
Lo tengo toda la puta tarde yendo de un sitio para otro. El tipo lo está flipando, pero no protesta. Ni siquiera abre la boca. Se porta tan bien que al final me compadezco y decido invitarle a una cerveza. Así es como me entero de que se llama Luca y que lleva un par de años en el país.
- Muy bien, Luca. Las cartas sobre la mesa. Es evidente que conozco a Héctor, pero no tengo nada que ver con sus líos. Así que te pido, por favor, que me dejéis fuera de vuestras movidas
- Me caes bien - responde el matón con una sonrisa que deja ver sus ennegrecidos dientes. Casi prefiero que siga serio - Te dejaremos en paz, tienes mi palabra
- Gracias. Y oye, sólo por curiosidad, ¿cuánto cobráis por partirle las piernas a un vecino molesto?
- ¡Tessa, eres la bomba!- se ríe Luca, como si acabara de contarle un chiste. Lo peor es que al final no me dice un precio. Y mira que me interesaba. En fin, ya se lo volveré a preguntar otro día...
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