Me niego a acumular más marrones. Así que hoy paso de fiestas en casa, amigas neuróticas y triángulos bizarros. Cojo a Alberto y me lo llevo a una discoteca a bailar. Sólo nosotros.
La cosa va de puta madre hasta que Alberto divisa a alguien a lo lejos y le entra el bajón. Se pone nervioso y me pide que nos vayamos. Echo un vistazo rápido y veo en la barra a una tía mona, con unas amigas, que tiene toda la pinta de ser quien creo. Hay que joderse.
La cosa va de puta madre hasta que Alberto divisa a alguien a lo lejos y le entra el bajón. Se pone nervioso y me pide que nos vayamos. Echo un vistazo rápido y veo en la barra a una tía mona, con unas amigas, que tiene toda la pinta de ser quien creo. Hay que joderse.
- ¿Es ella? - le pregunto - ¿La zorra de mierda que te dejó?
- Alexia, sí. ¿Podemos irnos, por favor?
Demasiado tarde. Alexia ha visto a Alberto y le saluda con la mano. La muy cabrona le está obligando a que se acerque a saludar sólo para restregarle por la cara lo bien que le va todo. Y como el idiota de mi vecino se cree una especie de caballero andante, no duda en acudir a su encuentro para intercambiar unas palabras. O, mejor dicho, dejar que le vapuleen.
Lucho conmigo misma para mantenerme al margen. Logro resistirme diez segundos. No está mal. Voy al cuarto de baño, me retoco y voy como una exhalación hacia donde está Alberto. Me abalanzo sobre él y le doy un beso de tornillo como no le han dado nunca en su vida.
- Cariño, ¿nos vamos a casa? Me pones tan cachonda que te follaría aquí mismo - miro a Alexia y le digo - ¿Te lo puedes creer? Año y medio con este tío y aún me pone como una moto
Eso es, puta. Haz la cuenta y verás que acabo de darte como fecha de inicio el momento en el que todavía estabais juntos. Así, para que te reconcoma por dentro.
Alberto me da las gracias por lo que he hecho y yo noto un cosquilleo. Así que esto es lo que se siente cuando ayudas a otra persona. Pues no es una sensación tan mala, después de todo.
Lucho conmigo misma para mantenerme al margen. Logro resistirme diez segundos. No está mal. Voy al cuarto de baño, me retoco y voy como una exhalación hacia donde está Alberto. Me abalanzo sobre él y le doy un beso de tornillo como no le han dado nunca en su vida.
- Cariño, ¿nos vamos a casa? Me pones tan cachonda que te follaría aquí mismo - miro a Alexia y le digo - ¿Te lo puedes creer? Año y medio con este tío y aún me pone como una moto
Eso es, puta. Haz la cuenta y verás que acabo de darte como fecha de inicio el momento en el que todavía estabais juntos. Así, para que te reconcoma por dentro.
Alberto me da las gracias por lo que he hecho y yo noto un cosquilleo. Así que esto es lo que se siente cuando ayudas a otra persona. Pues no es una sensación tan mala, después de todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario