- ¿Tessa?
Estoy sentada en la barra de un bar, autocompadeciéndome por mi mierda de vida, concentrada en hacer una masacre entre mis neuronas, cuando se me acerca una tipa que no me suena de nada. Si fuera un tío, existiría la posibilidad de que hubiéramos follado en un antro similar a este y lo hubiera borrado de mi mente, pero en este caso...no, joder, no suelo emborracharme tanto. Creo.
Me dispongo a mandarla a tomar por culo, sea quien sea, cuando se acerca más y me doy cuenta de que es Bea, la novia de Alberto. ¡Su puta madre! Así que no me queda más remedio que hacerle sitio en la barra y fingir la mejor de mis sonrisas mientras pienso mentalmente en cómo voy a destrozarla.
¿El problema? Que, sin su novio cerca, la muy hija de puta sigue pareciendo simpática de verdad. Para cuando me doy cuenta, le estoy abriendo mi corazón y contándole mis mierdas. Me gustaría echarle toda la culpa al alcohol, pero no, hay algo en ella que inspira confianza. Por primera vez pienso en que quizás debería dejarla en paz. Cuesta admitirlo, pero Alberto y ella hacen buena pareja.
Un par de horas más tarde, nos despedimos. Le doy dos besos y le digo que me alegro mucho de que justo entrara en el bar en el que estaba.
- Oh, no ha sido casualidad - admite, sin perder la sonrisa - Lo había planeado, para cogerte con la guardia baja. Gracias, Tessa. Venía dispuesta a recabar información sobre tus puntos débiles y has colaborado mucho más de lo esperado. Nos vemos mañana en la cena
Espera, ¿me ha tendido una trampa? ¿Me ha ganado en mi propio juego? Será zorra. Me juro a mí misma que ahora sí que voy a arrancarle las tripas. Lo único malo es que ella quiere hacer lo mismo conmigo y encima la he ayudado a ponerse con ventaja. Decididamente soy gilipollas.
Estoy sentada en la barra de un bar, autocompadeciéndome por mi mierda de vida, concentrada en hacer una masacre entre mis neuronas, cuando se me acerca una tipa que no me suena de nada. Si fuera un tío, existiría la posibilidad de que hubiéramos follado en un antro similar a este y lo hubiera borrado de mi mente, pero en este caso...no, joder, no suelo emborracharme tanto. Creo.
Me dispongo a mandarla a tomar por culo, sea quien sea, cuando se acerca más y me doy cuenta de que es Bea, la novia de Alberto. ¡Su puta madre! Así que no me queda más remedio que hacerle sitio en la barra y fingir la mejor de mis sonrisas mientras pienso mentalmente en cómo voy a destrozarla.
¿El problema? Que, sin su novio cerca, la muy hija de puta sigue pareciendo simpática de verdad. Para cuando me doy cuenta, le estoy abriendo mi corazón y contándole mis mierdas. Me gustaría echarle toda la culpa al alcohol, pero no, hay algo en ella que inspira confianza. Por primera vez pienso en que quizás debería dejarla en paz. Cuesta admitirlo, pero Alberto y ella hacen buena pareja.
Un par de horas más tarde, nos despedimos. Le doy dos besos y le digo que me alegro mucho de que justo entrara en el bar en el que estaba.
- Oh, no ha sido casualidad - admite, sin perder la sonrisa - Lo había planeado, para cogerte con la guardia baja. Gracias, Tessa. Venía dispuesta a recabar información sobre tus puntos débiles y has colaborado mucho más de lo esperado. Nos vemos mañana en la cena
Espera, ¿me ha tendido una trampa? ¿Me ha ganado en mi propio juego? Será zorra. Me juro a mí misma que ahora sí que voy a arrancarle las tripas. Lo único malo es que ella quiere hacer lo mismo conmigo y encima la he ayudado a ponerse con ventaja. Decididamente soy gilipollas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario