Las palabras de Héctor me hacen entrar en estado de pánico. Me gustaría pensar que es una muestra de humor negro. Pero me temo que lo único negro aquí es mi futuro.
- ¿Quieres decir que, si pierdes, me tocará, no sé, barrer el local para estos tipos o algo así?
- Más bien vender tu cuerpo en un burdel de Tailandia, pero sí, esa es la idea
Intento recordar todo cuanto sé sobre mitología. A mayor cantidad de dioses a los que empiece a rezar, más posibilidades habrá de que mi psicólogo logre saltar la banca y yo pueda salir de aquí.
Mis dioses están cabreados o fuera de cobertura, porque Héctor pierde. Pero a lo grande. Está abonado a los "ojos de serpiente" en los dados. Y no sólo eso. Blackjack, póker... el cabrón se deja hasta la camisa. Y lo malo es yo soy parte de esa camisa.
Ya estoy imaginando el orden en el que me van a follar mis nuevos dueños cuando Héctor, sudoroso, les pide una última oportunidad a los dados. A doble o nada. Si pierde, les dará su casa y su despacho. Y los chinos, viendo la racha que lleva, por supuesto aceptan.
Mi socio inspira profundamente, tira los dados... y gana. Doble seis. ¡Sí! ¡Sí! ¡A tomar por culo, amarillos de mierda! Estoy tan emocionada que tardo en atar los cabos. Hasta que, una vez en la calle, caigo en la cuenta. Qué pedazo de cabrón.
- Les has engañado, ¿verdad? Has perdido a posta toda la noche para que te permitieran hacer esa última apuesta y sacarles más pasta. ¡Seguro que tienes unos dados trucados! Hijo de la gran puta
Su sonrisa lo corrobora. Le grito durante diez minutos por haberme ofrecido como mercancía. Entonces me pregunta si quiero acompañarle de nuevo la semana que viene. Acepto. Qué puedo decir, quitando la parte en la que temí que me violaran, el resto resultó bastante divertido.
- ¿Quieres decir que, si pierdes, me tocará, no sé, barrer el local para estos tipos o algo así?
- Más bien vender tu cuerpo en un burdel de Tailandia, pero sí, esa es la idea
Intento recordar todo cuanto sé sobre mitología. A mayor cantidad de dioses a los que empiece a rezar, más posibilidades habrá de que mi psicólogo logre saltar la banca y yo pueda salir de aquí.
Mis dioses están cabreados o fuera de cobertura, porque Héctor pierde. Pero a lo grande. Está abonado a los "ojos de serpiente" en los dados. Y no sólo eso. Blackjack, póker... el cabrón se deja hasta la camisa. Y lo malo es yo soy parte de esa camisa.
Ya estoy imaginando el orden en el que me van a follar mis nuevos dueños cuando Héctor, sudoroso, les pide una última oportunidad a los dados. A doble o nada. Si pierde, les dará su casa y su despacho. Y los chinos, viendo la racha que lleva, por supuesto aceptan.
Mi socio inspira profundamente, tira los dados... y gana. Doble seis. ¡Sí! ¡Sí! ¡A tomar por culo, amarillos de mierda! Estoy tan emocionada que tardo en atar los cabos. Hasta que, una vez en la calle, caigo en la cuenta. Qué pedazo de cabrón.
- Les has engañado, ¿verdad? Has perdido a posta toda la noche para que te permitieran hacer esa última apuesta y sacarles más pasta. ¡Seguro que tienes unos dados trucados! Hijo de la gran puta
Su sonrisa lo corrobora. Le grito durante diez minutos por haberme ofrecido como mercancía. Entonces me pregunta si quiero acompañarle de nuevo la semana que viene. Acepto. Qué puedo decir, quitando la parte en la que temí que me violaran, el resto resultó bastante divertido.
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