Un técnico trabajando un sábado a las diez de la mañana. Llamaría al Libro de los Récords, pero posiblemente me descalificarían. Cuando has amenazado a alguien con quemar su casa si no viene a reparar tu conexión a internet, es más fácil que se presente a cualquier hora que tú le digas.
Vagueo durante todo el día y por la noche toca salir con Alberto, Raquel, Sergio... y Clara. Al menos Paolo no viene porque está trabajando. Algo es algo.
La noche se desarrolla con normalidad, hasta que todos se van a casa y me quedo, cómo no, a solas con Clara. Puta suerte la mía. Y claro, en cuanto estamos a solas vuelve a sacar el tema de Paolo. Que está superpreocupada, que con quién le estará poniendo los cuernos...
Opto por llevarla a discotecas en las que la música está tan alta que no se puede hablar. Pero la muy cabrona sigue a lo suyo a voz en grito, así que me toca una nueva táctica. Emborracharla.
Cuando está tan pedo que ya no se la entiende, la saco afuera a que le dé el aire. Nos sentamos en el bordillo de la acera y le pregunto que qué tal está. Me mira, sonríe... y me besa en la boca.
Me coge tan por sorpresa que ni siquiera reacciono. Pero cuando noto que su lengua empieza a inspeccionar demasiado el terreno, vuelvo en mí y logro separarme de Clara. Al verme el careto entiende que acaba de meter la pata, se horroriza y se disculpa.
Le digo que no se preocupe, que esas cosas pasan... últimamente sobre todo a mí. Sonrío, la tranquilizo y digo todo tipo de gilipolleces. Lo que sea con tal de irme de allí a toda leche.
Insisto en que no ocurre nada, nos despedimos y nos vamos cada una por nuestro lado. Quiero coger un taxi, pero me entra el miedo a que el conductor vaya a sacar un anillo de compromiso y pedirme matrimonio. Así que, por si las moscas, opto por ir caminando a casa.
Vagueo durante todo el día y por la noche toca salir con Alberto, Raquel, Sergio... y Clara. Al menos Paolo no viene porque está trabajando. Algo es algo.
La noche se desarrolla con normalidad, hasta que todos se van a casa y me quedo, cómo no, a solas con Clara. Puta suerte la mía. Y claro, en cuanto estamos a solas vuelve a sacar el tema de Paolo. Que está superpreocupada, que con quién le estará poniendo los cuernos...
Opto por llevarla a discotecas en las que la música está tan alta que no se puede hablar. Pero la muy cabrona sigue a lo suyo a voz en grito, así que me toca una nueva táctica. Emborracharla.
Cuando está tan pedo que ya no se la entiende, la saco afuera a que le dé el aire. Nos sentamos en el bordillo de la acera y le pregunto que qué tal está. Me mira, sonríe... y me besa en la boca.
Me coge tan por sorpresa que ni siquiera reacciono. Pero cuando noto que su lengua empieza a inspeccionar demasiado el terreno, vuelvo en mí y logro separarme de Clara. Al verme el careto entiende que acaba de meter la pata, se horroriza y se disculpa.
Le digo que no se preocupe, que esas cosas pasan... últimamente sobre todo a mí. Sonrío, la tranquilizo y digo todo tipo de gilipolleces. Lo que sea con tal de irme de allí a toda leche.
Insisto en que no ocurre nada, nos despedimos y nos vamos cada una por nuestro lado. Quiero coger un taxi, pero me entra el miedo a que el conductor vaya a sacar un anillo de compromiso y pedirme matrimonio. Así que, por si las moscas, opto por ir caminando a casa.
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