viernes, 4 de enero de 2019

13. La hora de las apuestas

Llegamos al garito donde Alberto había quedado con sus colegas que, admito, resultan ser más enrollados de lo que me había imaginado. 

Por una parte estaban Paolo y Clara, que son pareja. Me acogieron de maravilla y se mostraron encantadores conmigo. Un poquito demasiado encantadores, pero qué coño, tampoco me voy a poner tonta. Y luego estaban Raquel y Sergio, que me cayeron aún mejor.

Fue una buena noche. Bebí, bailé, bebí más... Y cuando eran las "borracha como una cuba y cuarto", los cuatro que quedábamos (porque Paolo y Clara se fueron en algún momento a la francesa) decidimos pasarnos a los chupitos de tequila.

- Hagámoslo más interesante. Si perdéis, os tenéis que besar - dijo Sergio, en una de esas típicas fijaciones masculinas
- Vale. Pero si perdéis vosotros, también tendréis que besaros. Con lengua - añadí yo

Y así es como comenzó la competición. El problema es que Raquel o es lesbiana o tiene un aguante de mierda, porque al segundo chupito ya no podía más. Y los otros dos cabrones tenían un buen saque. Por eso no me gusta jugar en equipo. Hay que joderse. Estaba claro que tocaba rendirse y darle a los caballeros una imagen imborrable y una considerable elección. Era eso o jugarme mi salud sólo por mi estúpido orgullo.

Estuve a un paso del coma etílico, esa es la verdad. Pero mereció la pena por ver la cara de asco de Alberto cuando la lengua de Sergio se introdujo en su boca. Que a lo mejor me he jodido el hígado para siempre, eso es cierto. Pero lo que me río cada vez que veo el video que grabé con el móvil, eso no tiene precio.

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