viernes, 4 de enero de 2019

11. Katherine Heigl

Odio a Katherine Heigl. No la soporto, es algo superior a mis fuerzas. Vale con que no me ha hecho nada. Pero me tomo sus películas como una afrenta personal.

No puedo con sus putas comedias románticas y la imagen que dan de las mujeres. Me revienta la moraleja que transmiten de que todo lo que necesitamos para sentirnos realizadas es un tío que nos aguante a pesar de lo histéricas que somos.

Una fortuna de miles de millones. Mi propio negocio. Hasta un puto harén de esclavos sexuales. Todo eso son sueños lógicos pero, ¿un hombre? Yo ahora mismo no lo tengo y...vale, está bien, me siento frustrada y nada realizada, pero no tiene nada que ver con eso, joder. El día que sienta que mi vida sólo tiene sentido si logro conservar a un novio será el momento de pegarme un tiro.

Que la Heigl de los cojones se tiene que ganar la vida, sí. Y que no tiene que dar cuentas a nadie de los papeles que acepta. Pero yo tampoco estoy obligada a decir que me cae bien. Porque la muy zorra está ayudando a perpeturar estereotipos que luego cuesta mucho quitárselos de encima.

No sólo es que las niñas crezcan creyendo que tienen que esperar a su príncipe azul que las mantenga, vamos, preparándose desde jovencitas para ser prostitutas de alto standing, sino que además luego los tíos se piensan que todas las mujeres somos iguales, y así luego cuando me conocen me miran como si me hubiera escapado de un psiquiátrico y el problema fuera mío.

Y ojo, que sé que esto suena a manifiesto feminista, pero no van por ahí los tiros. Aunque suene políticamente incorrecto decirlo, me la suda la lucha de géneros. Que se jodan las demás mujeres, yo sólo me preocupo de mí misma. Hace años que tengo una hermosa historia de amor conmigo misma y no veo motivo para cambiar mis prioridades ahora.






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