viernes, 4 de enero de 2019

55. Inauguración

Me levanto decidida a hacer una fiesta de inauguración en mi piso. Escribo la invitación y la envío a toda mi agenda de contactos del móvil. Lo bueno es que sé que muchos fallarán. Por ejemplo, Irene y su pandilla tienen demasiada clase como para dejarse caer por mi barrio.

Recojo un poco y bajo al supermercado. No sé qué es peor. Si el hecho de que acabo con el carrito lleno hasta los topes de bebidas, o que la cajera ya ni se sorprende de verme comprar tanto alcohol.

Alberto, cómo no, es el primero en llegar. Y luego aparecen Raquel, Sergio, Clara...y Paolo. Es la primera que nos vemos desde que...bueno, desde eso. Y la cosa es más rara de lo que esperaba.

Empiezo a ponerme paranoica, pensando que alguien sospecha algo. Pero no tengo tiempo de preocuparme, porque suena el timbre. Y al abrir me encuentro a Irene y al resto de la tropa. Hostia puta. Pues no tienen tanta clase después de todo.

Paolo me dice que quiere hablar conmigo. Le digo que no es una buena idea. Mientras, no deja de entrar gente que ni siquiera conozco. ¡Joder! ¿Es que nadie tiene nada mejor que hacer esta noche?

Y entonces, entre el tumulto de gente, reconozco un rostro: el de Héctor. ¡Coño! Se me había olvidado que lo tenía entre mi lista de contactos. Y cuando creo que la cosa no puede ir a peor, descubro que está hablando con alguien que me resulta muy familiar. Nico, mi estafador.

Estoy pensando en sufrir un infarto cuando un tío que no conozco me avisa de que la policía está en la puerta. Al parecer algún vecino se ha quejado por el ruido. Y puesto que así tengo una excusa para echar a todo el mundo, me doy cuenta de que por una vez me va a hacer feliz ver a un madero.

...hasta que descubro que el poli que ha venido es el mismo que me follé hace unas semanas.

En días como hoy creo que Dios existe. Y que el muy cabrón se está descojonando a costa mía.



No hay comentarios:

Publicar un comentario