- ¡Berto, necesito información y la necesito ya! Descubre si Bea es un transexual, si la persigue un cartel mexicano o si hay alguna posibilidad de hacer que ahora sí la persigan. ¡Pero consígueme algo, pedazo de mierda!
La llamada resulta inútil. Cuelgo cuando los lloriqueos del técnico comienzan a ser especialmente molestos. Hombres, no sirven para nada.
Salgo del piso con mala hostia al mismo tiempo que Bea sale de casa de Alberto. Me pregunto si lo ha hecho adrede, si estaba esperando a oír mi puerta para coincidir conmigo. Joder, se está metiendo en mi cabeza, qué hija de puta.
- Hola, Tessa - saluda, con una sonrisa que me hacen tener ganas de partirle la boca - ¿Vas al bar a beber unas copas?
Mosqueada, niego con la cabeza, mientras invento una mentira. ¡Vale, sí, iba a tomarme un par de vodkas! ¿Es acaso un delito?
Se despide y comienza a bajar las escaleras. Estoy pensando en cómo de fuerte empujarla cuando aparece Alberto y me corta el rollo. Le miro con la cara más adorable que soy capaz de fingir.
- Me encanta ver que os lleváis tan bien - comenta, demostrando por qué debería estar nominado a pardillo del año
- Oh, sí, Bea es un encanto. Y últimamente pasa mucho tiempo en tu piso. No estará pensando en mudarse aquí, ¿verdad?
La risa nerviosa de Alberto me deja claro que algo va mal. Muy mal. Mi puto sentido arácnido es capaz de verlo antes incluso de que mi vecino abra la boca. No se van a ir a vivir juntos, no. ¡Se van a casar! Porque, me dice el muy gilipollas, "cuando encuentras a tu media naranja no hay tiempo que perder".
Le doy la enhorabuena. ¡Incluso le abrazo! Luego vuelvo a entrar en casa y descuelgo el teléfono de muy malos modos mientras pienso a qué miembro de la familia de Berto debería amenazar para que ese puto inútil empiece a conseguir resultados.
La llamada resulta inútil. Cuelgo cuando los lloriqueos del técnico comienzan a ser especialmente molestos. Hombres, no sirven para nada.
Salgo del piso con mala hostia al mismo tiempo que Bea sale de casa de Alberto. Me pregunto si lo ha hecho adrede, si estaba esperando a oír mi puerta para coincidir conmigo. Joder, se está metiendo en mi cabeza, qué hija de puta.
- Hola, Tessa - saluda, con una sonrisa que me hacen tener ganas de partirle la boca - ¿Vas al bar a beber unas copas?
Mosqueada, niego con la cabeza, mientras invento una mentira. ¡Vale, sí, iba a tomarme un par de vodkas! ¿Es acaso un delito?
Se despide y comienza a bajar las escaleras. Estoy pensando en cómo de fuerte empujarla cuando aparece Alberto y me corta el rollo. Le miro con la cara más adorable que soy capaz de fingir.
- Me encanta ver que os lleváis tan bien - comenta, demostrando por qué debería estar nominado a pardillo del año
- Oh, sí, Bea es un encanto. Y últimamente pasa mucho tiempo en tu piso. No estará pensando en mudarse aquí, ¿verdad?
La risa nerviosa de Alberto me deja claro que algo va mal. Muy mal. Mi puto sentido arácnido es capaz de verlo antes incluso de que mi vecino abra la boca. No se van a ir a vivir juntos, no. ¡Se van a casar! Porque, me dice el muy gilipollas, "cuando encuentras a tu media naranja no hay tiempo que perder".
Le doy la enhorabuena. ¡Incluso le abrazo! Luego vuelvo a entrar en casa y descuelgo el teléfono de muy malos modos mientras pienso a qué miembro de la familia de Berto debería amenazar para que ese puto inútil empiece a conseguir resultados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario