¿Saben lo peor de pasarse cuatro meses practicando un estilo de vida alternativo, de esos que te permiten salir cualquier día de la semana y en los que no planificas una mierda cómo va a ser tu jornada, sino que simplemente te dejas llevar? Que te acostumbras. Muy rápido.
No me acordaba cómo iba lo de trabajar en una oficina, con horarios fijos, pero sólo necesito un día para que me vuelva todo de golpe y comience a maldecir a lo grande. Puta vida. Adiós a beber entre semana, adiós a dormir hasta tarde, adiós a follar al mediodía con algún desconocido, adiós a meterme en líos con distintas mafias étnicas...vale, esto último no creo que lo eche de menos.
No me malinterpreten, me encanta mi curro. Qué coño, me partí el culo estudiando durante la carrera para conseguir grandes calificaciones y resulta gratificante ver que en el fondo no soy una inútil integral. Pero trabajar, como concepto, es una puta mierda. Te roba tiempo y te quita energía.
La parte positiva es que cuando Raúl me pregunta si quiero cenar de nuevo con él esta noche, soy capaz de negarme sin tener que buscar una excusa. Estoy reventada. De verdad. Sólo me apetece llegar a casa, ponerme mi pijama, abrir unas cervezas y algunas bolsas de guarrerías y quedarme dormida viendo la tele.
Pero hoy estoy especialmente olvidadiza, porque no recordaba que ahora convivo con una molesta mascota a la que le gusta que le llame "mamá". Una compañera de piso que, en mi ausencia, ha tenido la genial ocurrencia de ordenar la casa, lo que significa que ahora no soy capaz de encontrar ni una jodida cosa.
Eso sin contar que me tengo que pelear con un basurero que quiere llevarse la bolsa en la que mi madre ha metido toda la ropa que opina que no necesito, y que. cómo no, es la que más me gusta.
Eso es soportable. Me toca los ovarios, pero puedo con ello. Lo que realmente logra sacarme de quicio es el parloteo constante, que oscila entre insultos a mi padre, lamentos por lo desgraciada que es y críticas a todo cuanto hago, digo o pienso.
Aguanto veinte minutos, que se me hacen eternos. Después cojo el móvil, llamo a Raúl y acepto su invitación a cenar. Sigue sin apetecerme, pero lo hago por mi salud mental. Creo que me apuntaría hasta a protagonizar una snuff movie con tal de no seguir escuchando a la vieja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario