Me levanto terriblemente arrepentida por lo que ocurrió ayer...y antes de ayer...y el día anterior... en fin, que soy consciente de que me mudé para darle un vuelco a mi vida y hasta ahora sólo ha cambiado el nombre de los tipos con los que he follado. Y anoche, ni eso.
Así que hago propósito de enmienda. De entrada, se acabó lo de desayunar cereales con cerveza. Reúno todo el alcohol (dicho así parezco la prota de "Días de vino y rosas") y lo guardo en una caja. Vale, lo que queda guay en estas situaciones es vaciar las botellas en el lavabo. Pero no soy tan gilipollas. No voy a volverme abstemia. Simplemente quiero controlarme un poco más.
Con mis renovadas energías, cojo a Amanda y me la llevo conmigo a repartir curriculums por diferentes empresas de comunicación. Vamos, la idea originaria. Lo bueno de los bebés de 7 meses es que no pueden chivarse a sus padres sobre lo que estás haciendo. Que ser niñera mola. Pero con ese sueldo nunca podré comprarme una isla, así que es hora de pasar al plan B.
Llevo ya unos cuantos curriculums entregados cuando caigo en la cuenta de que la gente se piensa que Amanda es mía. Mi primer pensamiento es aclarar rápidamente las cosas, pero entonces me fijo en que parecen más dispuestos a contratarme creyendo que soy una madre soltera que necesita la pasta. Y si ellos son felices imaginando eso, quién soy yo para negarles el placer.
Por la tarde quedo con Alberto. Damos una vuelta, patinamos y cenamos juntos. Todo de lo más sano. Y regreso a casa sintiendo que estoy en el buen camino.
Hasta que a eso de las once me llama Irene para invitarme a una fiesta mañana por la noche. Barra libre. Solteros guapos. Joder, con lo bien que iba todo hasta ahora. ¿Por qué coño tiene que tentarme con cosas que sabe que no voy a ser capaz de rechazar?
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