viernes, 4 de enero de 2019

6. Atascada

¿Saben ese momento en las películas en el que la protagonista decide empezar a cero y todo se resuelve con un clip musical en la que la vemos ponerse manos a la obra, hasta que finalmente consigue su propósito? Vale, pues necesito saber cuánto coño dura el clip en la vida real. 

Llevo 24 horas en mi nueva ciudad y ya tengo ganas de apuntarme a una secta de las que predican el fin del mundo, a ver si aciertan. Esto es jodidamente triste. 

Lo malo de llegar a un sitio en el que no conoces a nadie es que no puedes apalancarte en el sofá de ningún colega, así que me ha tocado alquilar una habitación en un motel. El sitio no está mal, no creo que se cometan demasiados asesinatos aquí. Posiblemente los residentes se suicidan antes de que alguien tenga la oportunidad de matarles. 

Y aquí estoy yo, sin maleta, sin esperanza y sin dignidad. Una vez que se me ha pasado el subidón del viaje y todo eso, de repente me doy cuenta de que estoy atascada y no sé cómo seguir. Bien, Tessa, eres la leche. Tu historia sólo acaba de empezar y ya no sabes qué hacer con ella. Cojonudo, tía. 

Saco papel y un bolígrafo y decido hacer una lista de todas las cosas que tengo que solucionar en mi vida. Pero me deprimo al darme cuenta de que la tinta del boli posiblemente termine agotándose antes de que pueda finalizarla. Así que hago lo único que se puede hacer en esta situación: me maquillo, me arreglo y me voy de fiesta. 

Puede que no sea la solución a mis problemas, pero a falta de alternativas prefiero este plan que pasarme la noche entera pensando a qué tipo de enfermo mental le dio por empapelar mi habitación con motivos florales. Hay que tener mala leche. Y un mal gusto de cojones.

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