sábado, 19 de enero de 2019

106. La diablesa viste de Prada

Irene abre la puerta de su casa con una gran sonrisa, que desaparece nada más mirarme de arriba a abajo.

- Ay, Tessa, tontita. Te avisé de lo de la fiesta para que vinieras como invitada, no como parte del servicio

Será cabrona. Mi vestido es una puta pasada y me ha costado un pastizal...bueno, en la etiqueta pone que es un pastizal, cuando lo devuelva mañana habrá sido un hermoso préstamo gratuito. 

Estoy a punto de protestar, indignada, cuando me fijo en los pendientes de diamantes que lleva y me doy cuenta de que no jugamos en la misma liga. Qué coño, ni siquiera parecemos de la misma especie. Sólo su bolso vale más que toda mi familia...vale, a mi familia la regalaría, pero entienden lo que quiero decir, ¿no?

Bufo un poco, sólo por mantener el orgullo, pero Irene pasa completamente de mi culo. Me hace señas para que la acompañe a su vestidor y coja lo que quiera. No me queda claro si es un préstamo o un regalo, pero antes de que pueda preguntar ya se ha puesto en marcha.

Saludo a César, que está sentado en el sofá, viendo la tele. Adoro a esa marica loca. Camino por un pasillo tan largo que termino con agujetas, pero se me pasan en cuanto veo el puto vestidor de los huevos. He visto grandes almacenes mucho peor surtidos.

Me abalanzo hacia el armario, que resulta que está cerrado con una especie de candado electrónico. Se lo hago saber a Irene, que, sin volverse, como quien no quiere la cosa, me dice:

- La combinación es 2000, el año de mi nacimiento. A decir verdad uso la misma en todas partes y así no se me olvida
- Irene, cielo, sé que las matemáticas no son lo tuyo, pero no puedes haber nacido en el 2000 porque entonces significaría que tienes dieciocho...
- ¿Quieres el puto vestido o no?
- ¡Bienvenida a la mayoría de edad! - comento mientras mis dedos abrazan una puta pasada de Prada color salmón. Joder, ahora sí que espero que sea un regalo


No hay comentarios:

Publicar un comentario