viernes, 4 de enero de 2019

91. Queda libre de la cárcel

Dormir en una celda es incómodo. Pero como imagino que hacerlo en un ataúd de pino lo es mucho más, no me quejo mucho. Bueno, en realidad sí que lo hago. Pero cuando me amenazan por segunda vez con trasladarme al pabellón de las reclusas camioneras, opto por cerrar la boca.

A eso de las diez aparece mi poli, el que me follé, para liberarme. Que, por cierto, se llama Adrián. ¿Cómo de mal voy a quedar si admito que hasta ese momento no sabía su nombre? A tomar por culo, qué más da. Y visto el giro que está tomando mi vida, no viene nada mal tener un contacto entre las fuerzas de la ley.

Como he dicho, me pide disculpas y me acompaña a la salida. Al parecer hay imágenes de una cámara de seguridad que me sitúa en otro lugar en el momento en el que comenzó el tiroteo entre ucranianos y chinos. Evidentemente Héctor ha pedido ayuda a "Shadow Dancer", que ha resultado ser un crack. Bien por el chaval. Definitivamente tengo que ayudarle a deshacer su entuerto.

Adrián se ofrece a dejar que mis padres también se vayan, pero entonces le cuento una lacrimógena historia de cómo me pegaban de pequeña y decide mantenerlos encerrados unas horas más. ¡Eh! Que es una historia verídica. No mía, pero seguro que a alguien le ha pasado...

Antes de dejar que me pire, me pide que identifique a los criminales. Delato a todos los chinos, al ucraniano sin nombre, pero le echo un cabo a Luca negando que esté implicado en el follón. Lo dejan libre y los dos nos vamos a desayunar. Aún me mira con reticencia, sin saber si agradecerme que le haya sacado de la cárcel u odiarme por robarle el dinero.

- Luca, yo no tuve nada que ver con lo del atraco. Te lo juro por la tumba de mi madre
- ¿Tu madre no era la señora drogada que estaba bailando semidesnuda?
- No tengo ni idea de lo que me estás hablando - contesto, poniendo cara de póker

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