Tengo una mañana tan dura y agotadora que al menos no me queda tiempo para deprimirme. A Amanda le están saliendo los dientes. Y si fuera por mí, se los arrancaría todos de una hostia, a ver si deja de llorar. Que sé que lo que acabo de decir es una salvajada. Pero no por ello menos verdad.
Total, que cuando llego al motel me tumbo directamente en la cama, hecha una mierda, con una cerveza en la mano. En ese momento Alberto toca a la puerta. Bueno, al menos así no tendré que seguir bebiendo sola y daré menos impresión de ser una alcohólica.
- Oye - me pregunta, dando uno de esos largos rodeos que tanto odio - ¿Te gusta vivir aquí?
- Sí, es la ilusión de mi vida. Esto y que unos albanokosovares me peguen una paliza y me violen
- Es que he encontrado un piso. Mañana firmo los papeles. Me mudo en cuanto pase año nuevo
- Me alegro por ti. Manda una postal
- Ya, verás...el problema es que el dueño tiene dos pisos vacíos, y si logra alquilar ambos me haría una rebaja. Y me estaba preguntando si tú querrías el otro... pagarías incluso menos que aquí
Vaya cantidad de mierda que está saliendo de su boca. Soy buena sabiendo cuando me mienten, pero es que en este caso no hace falta una habilidad especial, sólo media neurona.
Lo de irme a vivir al lado de alguien que está colado por mí, cuando el sentimiento no es recíproco, y que posiblemente, aunque no puedo asegurarlo, va incluso a pagar parte de mi alquiler es, a todas luces, una de esas invitaciones que una tiene que rechazar porque no es ético.
- ¿Irme a un piso de verdad ahorrando además dinero? ¡Acepto!
Por otro lado sería estúpido condenarme a seguir en esa mierda de sitio para siempre, ¿no creen? Bueno, y si no están de acuerdo, me la suda. Acabo de decir que sí y no voy a retractarme.
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