viernes, 4 de enero de 2019

29. De mal en peor

Gris ceniza. Amarillo pistacho. Cobalto. Naranja difuminado, ocre, verde agua, un puto cuadro de Jackson Pollock... ¡Yo qué cojones sé que color soy ahora mismo!

Vale, me he levantado con un humor de perros y llena de dudas existenciales. Porque acabo de darme cuenta de que ha pasado casi un mes desde que tuve la brillante idea de dejarlo todo para encontrarme a mí misma y la idea por ahora está siendo un jodido fracaso.

Esto es lo que he conseguido hasta el momento. Dejé un trabajo cojonudo y bien pagado como encargada de prensa y ahora soy canguro de una niña pequeña. He pasado de tener una casa espaciosa a vivir en un puñetero motel barato. Y me libré de un novio agobiante, sí, pero ya no tengo sexo regularmente, al menos con otra persona, lo que está haciendo que me suba por las paredes.

Si esto es lo que yo considero un cambio positivo, será mejor que jamás me llamen para coordinar las negociaciones de paz en Oriente Medio.

Ojalá en vez de tanto libro de autoayuda y gilipollez, de esos de "examina tu interior", como si fuera un puto ginecólogo, existiera un "Manual de felicidad para tontos" donde te enseñaran realmente qué hacer para encontrar tu camino. Que sabía que no iba a ser fácil, por eso me concedí todo un año. Pero soy caprichosa, no lo niego, y quiero que todo mejore ahora. Ya. Hoy.

Me pasé la década de los veinte bebiendo y follando, lo que estuvo genial. Pero diez años después sigo haciendo exactamente lo mismo. Y me gusta, claro que sí. Pero tiene que haber algo más.

No quiero levantarme un día con cincuenta tacos, borracha, preguntándome quién es el tío con el que me fui a la cama, antes de ir a jugar al bingo o lo que coño hagan las señoras de esa edad que nunca fueron capaces de hacer algo interesante con sus vidas.


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