viernes, 4 de enero de 2019

50. Tiempo libre

Me jode bastante admitirlo, pero me alegra que se hayan acabado las vacaciones y me toque volver al curro. Tener demasiado tiempo libre es perjudicial para mí, siempre termino descontrolándome.

Así que cuando llego a casa de José y Tania y la pareja me abre, no puedo evitar sonreír. Obviamente cambio la cara de inmediato, no vayan a creerse que disfruto tanto de este trabajo que podría hacerlo por menos dinero, porque no es verdad. Adoro a Amanda, pero si sus padres me recortan el sueldo no dudaré en venderla a la mafia ucraniana, o a quien resulte ser el mejor postor.

Tania me hace señas para que la acompañe a la cocina. Allí, entre susurros, me dice que tiene cosas que contarme, pero que no puede hablar mientras su marido esté cerca. 

Por un momento logra cautivar mi atención, al hacerme pensar que se ha enrollado con un apuesto y sexy desconocido, tipo la mierda esa de "50 sombras de Grey". Pero luego me explica algo sobre unas mantas tribales que se ha comprado a escondidas y mi interés decae. En fin, a lo mejor la historia todavía deriva en una tórrida aventura con el vendedor. Sí, tú sigue soñando, Tessa.

Por la tarde llamo a Alberto, dispuesta a invitarle al cine. Pero mi gozo en un pozo, porque me dice que está en una reunión de trabajo y que no saldrá hasta tarde.

Frustrada, decido dar una vuelta, en principio sin rumbo fijo. Pero seamos sinceros: tengo claro que acabaré en el parque, esperando encontrarme con Nico, o como cojones se llame en verdad. 

Estoy a punto de darme por vencida cuando al final doy con él, sentado en su mesa de trilero. Le sonrío, espero que termine de desplumar a la gente y nos vamos a tomar unas cervezas. Y una cosa lleva a la otra y acabamos follando, esta vez en su piso.

¿Lo ven? Definitivamente no puedo tener tanto tiempo libre. En serio, tengo que solucionarlo.


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