Dado que lo de Shadow Dancer es la única cosa de la que me siento realmente culpable, he decidido comenzar mi camino a la redención ayudándole a conseguir a la chica de sus sueños.
Claro que, para ello, primero debía lograr que me escuchara. Lo que, sinceramente, ha sido jodidamente difícil. Nada más verme tocar el timbre de la puerta de su casa se ha puesto a gritarme que me fuera. Que soy la unión de los cuatro jinetes del apocalipsis. Que las plagas de Egipto son unas putas aficionadas en comparación conmigo. Si no fuera porque tiene parte de razón, me sentiría ofendida.
Al ver que era incapaz de escucharme he estado a punto de hacer lo que siempre hago, es decir, enseñarle las tetas para llamar su atención. Pero al final no lo he hecho. Imagino que en eso consiste madurar, ¿no?
- Shadow, escúchame. Puedo arreglarlo. Te juro que puedo - le digo. Y me muestro tan convencida que al final logro que salga de su casa y me señale el camino a su instituto. Lugar que, todo sea dicho, lleva sin pisar una semana, por miedo a que le metan la cabeza en el retrete o algo peor.
Al llegar a la puerta del colegio me mira. Con temor. El jodido listillo de los cojones, el cerebrín deslenguado está asustado de mí. Me parte el corazón, pero soy Tessa-Terminator y sonrío sin permitirme mostrar ninguna debilidad.
- ¿Estás segura de que vas a poder arreglarlo? - tartamudea como si fuera un crío
- Ni lo dudes, pequeñín - afirmo guiñándole un ojo. La mentira es tan convincente que estoy a punto de creérmela yo misma. Cruzo los dedos y me encomiendo a todas las deidades, confiando en que haya alguna que aún no me odia del todo.
- ¿Estás segura de que vas a poder arreglarlo? - tartamudea como si fuera un crío
- Ni lo dudes, pequeñín - afirmo guiñándole un ojo. La mentira es tan convincente que estoy a punto de creérmela yo misma. Cruzo los dedos y me encomiendo a todas las deidades, confiando en que haya alguna que aún no me odia del todo.
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