- Tessa, me gusta el porno como al que más, pero es la tercera vez consecutiva que me muestras el mismo maldito video. ¿No estás cansada de verlo?
- ¿Sinceramente? No. Llevo como cien reproducciones y cada vez descubro detalles nuevos. Mira la cara de agobio que pone Bea ahí, cuando se la están metiendo hasta la campanilla. Dios, adoro su expresión. Estoy pensando en capturar el fotograma y hacerme una camiseta...
Héctor resopla y me obliga a cerrar el portátil. Mira que hoy venía superilusionada a su consulta, pero por algún extraño motivo no parece compartir mi emoción con todo este tema. Incluso me mira como si estuviera mal de la cabeza.
- El tema de la moralidad me da urticaria, pero por lo que entiendo, aún no se lo has mostrado a Alberto. ¿Puede ser porque en el fondo sabes que eso sería vil y rastrero hasta para ti?
- En realidad es porque estoy esperando al último momento, cuando todos sus familiares estén aquí y el daño sea mayor. Y porque no me han invitado a la cena de ensayo, que si no me las arreglaría para proyectar esta maravilla en pantalla grande antes del postre
- ¡Dios, Tessa! En serio, ¿por qué lo haces?
- Por venganza, por supuesto
- ¿Venganza de qué? No te ha robado el novio. Ni siquiera te gusta Alberto. Es más, sales con alguien que te hace feliz, como no dejas de repetir cada vez que nos vemos. Lo único que tienes es su contra es que le caes mal. ¡Como le pasa a la mayoría de gente que te conoce!
Me siento traicionada. Realmente pensé que si alguien apoyaría mi plan, ese era Héctor. No esperaba esta reacción por su parte. Mi psicólogo parece leerme el pensamiento, porque se encoge de hombros y, con toda la calma que es capaz de reunir, me dice:
- Sabes la clase de persona que soy. Un ludópata, un mentiroso y un oportunista que si no ha vendido su alma es porque cree que le sacará más rentabilidad alquilándola
- Lo tengo clarísimo. ¿Y a dónde quieres llegar?
- Pues que si alguien como yo te dice que quizás estás sobrepasando todos los jodidos límites, es como para preocuparse, ¿no crees?
- Lo tengo clarísimo. ¿Y a dónde quieres llegar?
- Pues que si alguien como yo te dice que quizás estás sobrepasando todos los jodidos límites, es como para preocuparse, ¿no crees?
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