lunes, 25 de febrero de 2019

143. Se busca

Son las ocho de la puta mañana de un puto sábado y en vez de estar cerrando un puto garito o en la puta cama, no, aquí estoy, pateándome las putas calles en busca de un puto anciano asiático al que se lo ha tragado la tierra. Puta vida.

Lo peor es que ya he dado por imposible lo de recordar más cosas de la noche del jueves, así que no tengo ni idea de por dónde empezar a buscar. Incluso se me pasa por la cabeza hacer un cartel y ofrecer recompensa, como si fuera una jodida mascota. 

Me encantaría decir que me paso horas y horas siguiendo su rastro, haciendo gala de una inquebrantable fuerza de voluntad, pero lo cierto es que a las diez de la mañana ya me he rendido y estoy en un bar, asumiendo que toca volver a empezar a buscar curro. Comienzo a valorar seriamente la oferta de los ucranianos cuando me suena el teléfono. Es Adrián, que me dice:

- Creo que tengo algo que se te ha perdido

Muevo el culo a toda prisa y me planto en la comisaría, donde mi poli particular ya me espera con una expresión burlona.

- ¿Yakamoto está detenido? - pregunto atropelladamente - ¿Qué coño ha pasado? Y lo más importante, ¿cómo sabías que le estaba buscando?
- Vamos por partes. Lo que ha pasado es que tu amigo estaba de fiesta en un after ilegal cuando los de antivicio han hecho una redada y se han traído a todo el mundo a comisaría
- Eso es absurdo. ¿Me quieres decir que lleva 24 horas retenido sin que nadie lo supiera? ¿Y cómo explicas que, si los dos estábamos juntos el jueves, él acabara aquí y yo no?
- Porque la redada  no fue el jueves, sino hace un par de horas

Ostia puta, que Yakamoto lleva dos días seguidos de fiesta. Menuda marcha tiene el viejo.

- En cuanto a lo saber que tú tenías algo que ver - el cabrón se regodea en la explicación - si bien es cierto que sólo habla japonés, se le han escapado algunas palabras en nuestro idioma, como "rubia guapa loca", "fiesta" y "pastillas milagro", lo que obviamente me hizo pensar en ti. Vaaaaale, puede que también dijera tu nombre...

Le mando a tomar por culo y le exijo que le libere inmediatamente.

- Tessa, eres consciente de que no diriges la comisaría, ¿verdad? No puedo ir soltando a la gente sólo porque tú me lo ordenes
- No me jodas, Adrián. Piensa que así te deberé un favor
- ¡Ya me debes un favor por lo de Vladimir!
- ¡Pues te deberé dos! Sigue acumulando y cuando lleguemos a diez te hago una mamada gratis

Se echa a reír. En realidad, me aclara el muy hijoputa, iba a soltarlo igualmente, pero quería escucharme decir alguna burrada de las mías. Genial, me he convertido en una profesional del standup comedy que actúa gratis.

Adrián se marcha a hacer el papeleo y yo aprovecho para informar a Raúl, que se presenta rápidamente en la puerta de la comisaría, acompañado de Hitachi, o como coño se llame. Los dos me miran con gestos de reprobación. Trago saliva.

En ese momento sale el señor Yakamoto. Siendo sincera, estoy convencida de que va a tener un mosqueo de tres pares de cojones y va a exigir que me haga el harakiri o algo así. Por eso me sorprende tanto ver que no para de reír y hasta parece rejuvenecido por la experiencia. ¿Seguirá bajo el efecto de las drogas?

El empresario habla en japonés con su asistenta, a quien la cara le cambia por completo, aunque intente disimularlo. Hitachi nos mira y, con voz de autómata, traduce:

- Dice el señor Yakamoto que no pensaba aceptar su oferta, no creía que su empresa fuera la adecuada para llevar sus asuntos. Pero que después de conocer a la señorita Tessa ha cambiado de opinión. Es una mujer extraordinaria y llena de la pasión que él andaba buscando

A la princesita amarilla se la están llevando los demonios. Raúl no se puede creer lo que acaba de oír. Pero se terminar de convencer cuando, antes de irse, el señor Yakamoto pasa a mi lado, me guiña un ojo y grita "¡Fiesta!", para plantarme después un beso en la mejilla. 

Entiendo que sacar pecho en estos momentos demostraría muy poca clase por mi parte. Afortunadamente hace ya mucho que asumí mi condición de tipa chunga barriobajera, así que alzo la cabeza, con chulería.

- Te dije que lo tenía todo bajo control - le digo a Raúl, restregándole mi éxito por toda la cara




No hay comentarios:

Publicar un comentario