Si algún día los zombis acaban alzándose de sus tumbas, posiblemente tendrán la misma cara y gracia al caminar que una servidora hoy. Y es que cuando te despiertas dentro de tu bañera, con un tatuaje en la muñeca que no tenías ocho horas atrás, sabes que la borrachera ha sido de las que se convierten en leyenda.
Hago la croqueta hasta la ducha, me tomo un bote de aspirinas como si fueran caramelos y me arrastro hasta el trabajo, más concretamente hasta mi mesa, donde decido que, a falta de una opción mejor, el teclado me puede hacer de improvisada almohada.
Estoy a punto de cerrar los ojos cuando aparece Raúl con semblante serio. Antes incluso de que abra la boca soy consciente de que sí, se trate de lo que se trate fijo que soy culpable.
- Tessa, ¿sabes algo de Yakamoto? No se ha presentado esta mañana a la firma
- Seguro que aún está durmiendo - respondo con mi nueva voz de camionera - Me comentó algo de que últimamente se le pegan las sábanas cosa mala
Raúl me mira como mi padre lo hacía cuando le juraba que ni le había cogido el coche ni había metido a un chico en mi cuarto
- Okio dice que no está en su habitación del hotel y tampoco le coge el teléfono
- ¿Quién?
- ¡Su ayudante! A la que dejaste tirada en el restaurante. Joder, Tessa, ¿podrías hacer el esfuerzo de aprenderte aunque sea un nombre de alguien de esta oficina?
Me contesta tan enfadado que por un momento temo que en realidad no se llame Raúl.
- Relájate un poco. El señor estará aprovechando para hacer un poco de turismo y se habrá despistado. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Pues si no firma hoy ya lo hará mañana
- O quizás no lo haga nunca. A decir verdad no las tenía toda consigo, me ha costado meses sólo conseguir que viniera hasta aquí a escuchar nuestra propuesta. ¿Y si se ha arrepentido?
Mierda, la cosa está más jodida de lo que yo creía. Agacho la cabeza intentando hacerme invisible. No funcionaba en el instituto y sigue sin funcionar ahora.
- Relájate un poco. El señor estará aprovechando para hacer un poco de turismo y se habrá despistado. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Pues si no firma hoy ya lo hará mañana
- O quizás no lo haga nunca. A decir verdad no las tenía toda consigo, me ha costado meses sólo conseguir que viniera hasta aquí a escuchar nuestra propuesta. ¿Y si se ha arrepentido?
Mierda, la cosa está más jodida de lo que yo creía. Agacho la cabeza intentando hacerme invisible. No funcionaba en el instituto y sigue sin funcionar ahora.
- Por favor, dime que después de la cena dejaste a Yakamoto en su hotel
- ¿Te vale con que lo diga o tiene también que ser verdad?
Grita de nuevo, lo que no le hace nada de bien a mis maltrechas neuronas supervivientes. Resopla, camina, masculla y finalmente se acerca de nuevo a mí, más calmado. Me pone las manos en los hombros mientras me sonríe con dulzura.
- Sabes que te quiero mucho, ¿verdad? Eres mi mundo y estoy feliz de que seas mi novia. Pero, en el terreno estrictamente profesional, si Yakamoto no aparece pronto, considérate despedida
Fuck, fuck y triple fuck. Estoy sumamente jodida.
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