sábado, 2 de febrero de 2019

120. La peor cena de la historia

Estamos cenando en un restaurante de la hostia y la comida es exquisita, pero soy incapaz de disfrutarla. Estoy encabronada. Y caliente. Encabronada y muy caliente. Qué gran combinación.

Es la quinta (¡quinta!) vez que salimos y ya no es que no hayamos follado, es que el muy gilipollas de Raúl ni siquiera me ha tocado las tetas. Pero mientras yo no puedo dejar de pensar en saltar por encima de la mesa y violarle, él está ahí, tan tranquilo, como si fuera un puto teleñeco asexual.

Mi indignación es tan grande que por un momento valoro la opción de levantarme y largarme a mi casa. Lo que pasa es que tengo hambre y la comida está riquísima, joder. Así que al final me acabo todos los platos. Con cara de cabreo, eso sí.

Cuando salimos del restaurante comienzo a caminar deprisa, refunfuñando, para darle pie a que me pregunte qué me pasa. Pero el cabronazo no se da por aludido, lo que sólo consigue sacarme más de quicio. Tanto que me vuelvo hacia él hecha un basilisco.

- ¿Pero a ti qué cojones te pasa? - pregunto con la vena del cuello hinchada - ¿Esto es una especie de broma? ¿Una apuesta? ¿Tienes una idea aproximada de cuanto te vas a dignar follarme?
- Nunca - contesta, dejándome de piedra - Quiero decir, no mientras no seamos pareja
- Espera, ¿me estás pidiendo que salgamos? - digo, sin salir de mi asombro - ¿Estás drogado?
- Lo digo en serio. No voy a mentirte, he tenido polvos de una noche. Pero no quiero que esto lo sea. Por supuesto que quiero follarte, pero me apetece aún más tener una relación contigo. Así que he decidido que, o logro el paquete entero, o nada

Se me ocurren cientos de respuestas obscenas que tienen que ver con su paquete, pero estoy tan aturdida que las palabras no me salen de la boca. Así que, en vez de ponerme a discutir, lanzo un exabrupto, golpeo el suelo, doy media vuelta y comienzo a caminar.

- ¿A dónde vas? - pregunta sorprendido
- A casa. A gritar. Y a masturbarme. ¡A gritar mientras me masturbo! - respondo casi chillando. Sí, toda la calle me ha escuchado, lo que es un poco embarazoso. Pero no tanto como lo será que mi madre me escuche esta noche mientras me doy placer. Soy una mujer de palabra y pienso cumplir mi objetivo. Si se siente incómoda, que se vaya de mi puta casa.




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